Los niños de Estado Islámico: "Enfrentamos un desastre que no sabemos cómo resolver"
- Mariana Rascón
- 16 oct 2021
- 2 min de lectura
14 de octubre 2021
El campamento de al Hol mantiene a unas 60.000 personas, incluidas 2.500 familias de combatientes extranjeros de El.

El campamento de al Hol es caótico, desesperante y peligroso.
Es el hogar de las esposas e hijos de los combatientes extranjeros del autodenominado Estado Islámico: una ciudad con tiendas de campaña, con familias hacinadas, rodeadas de guardias armados, torres de vigilancia y alambradas de púas.
El extenso campamento del desierto se encuentra a cuatro horas en automóvil desde al Malikyah, pasando la ciudad de Qamishli, y cerca de la frontera entre Siria y Turquía, en el noreste de Siria.
En el interior, las mujeres se visten de negro y usan el niqab, un velo facial con una abertura para los ojos, usado por algunas mujeres musulmanas.
Sus maridos están muertos, encarcelados o desaparecidos y ahora están atrapadas con sus hijos. Aproximadamente 60.000 personas están detenidas en este lugar, incluidas 2.500 familias de combatientes extranjeros de Estado Islámico.
Muchos han vivido aquí desde la derrota del grupo yihadista en Baghuz, en 2019.
Las mujeres hablan con reserva, cautelosas de llamar la atención que pueda tener consecuencias nefastas, si no mortales.
No son los guardias de los que se preocupan, son las otras mujeres, las de línea dura que siguen imponiendo las reglas de EI dentro del campamento.

La violencia y la radicalización en el campamento es un problema importante para las Fuerzas Democráticas Sirias lideradas por los kurdos, responsables de la gestión de los campamentos.
El doctor Abdulkarim Omar, ministro de Relaciones Exteriores de facto de la administración liderada por los kurdos en el noreste de Siria, admite que en al Hol, Estado Islámico todavía gobierna.
"Hay asesinatos diarios, queman tiendas cuando la gente no sigue la ideología de EI y están transmitiendo esos puntos de vista radicales a sus hijos".
La mayoría ha vivido horrores inimaginables, en constante movimiento mientras Estado Islámico trataba desesperadamente de defender sus territorios en Irak y Siria.
Muchos no han conocido nada más que la guerra y nunca han ido a la escuela. Todos han estado expuestos a traumas y pérdidas, y la mayoría han perdido al menos a uno de sus padres.

"Es un problema internacional, pero la comunidad internacional no está asumiendo sus deberes y responsabilidades"



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